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Reto cumplido: finisher en ExtremeMan Getxo

Son las 6 de la mañana y suena el despertador aunque hace ya un buen rato que estoy despierto.  Hoy es 7 de julio, estoy en Getxo y en 2 horas arranca mi reto:  el ExtremeMan, un triatlón de larga distancia, un medio iron man. 1900metros nadando, 90 en bici y 21,1 corriendo. Sin dejar mucho tiempo a mi mente para pensarlo, no sea que me arrepienta, me visto y a desayunar, un kiwi, un par de bocadillos, un café y… lo confieso, un Donut.

Salimos del hotel con Pere y con Kike,  los dos compañeros en este viaje, y vamos a la zona de boxes a acabar de verificar que todo está a punto, la bici en su sitio, las bolsas con el material de ciclismo y para el segmento de carrera a pié. Nos enfundamos el neopreno y directos a la playa, está a punto de empezar.

Suena una sirena y la carrera arranca, estoy situado al final del grupo y me meto en el agua buscando a mi hermano, Jordi, quien desde el público mientras nos cruzamos las miradas me grita animándome, empieza la aventura.

marc aigua getxo

El agua está menos fría de los que esperaba y empiezo a nadar tratando de localizar la primera boya (aplico lo que le leí a Raúl Casañas hace unos días, 6 brazadas y levantar la cabeza para ver la boya y asegurar que no me estoy desviando mucho). Al principio me sucede lo de siempre, veo como el resto de nadadores se alejan y me quedo con los rezagados, lo mío no es el agua. Llego a la primera boya, giro a la izquierda y seguimos hasta llegar a la segunda. Empieza a dolerme la nuca, no he colocado bien el cierre del neopreno y me está rascando, luego descubriré que la rozadura se convierte en herida y dolerá toda la carrera. Finalmente giro la última boya y encaro hacía la playa, el sol ya ha salido en Getxo (se esperan más de 30 grados) y me ciega y cuesta mucho de localizar la salida (aquí aplico otro consejo, esta vez de Branko, y busco una referencia en el punto más alto que puedo ver, veo una grúa de construcción unas decenas de metros por encima de la playa a la misma altura que el punto de salida del agua). Gracias a esto no haré demasiadas S hasta llegar a la arena. Y a los 49 minutos toco la arena y llego a la zona de boxes.

Reconozco que con más calma de la que tocaría me quito el neopreno, me pongo los calcetines y cojo la bici para empezar el segundo segmento del half: llega el momento de la bici. La gente en los triatlones se pone nerviosa cuando sale del agua buscando su bici entre centenares, a mi nunca me pasa… resulta que la mayoría ya han salido del agna y han empezado a rodar en bici, menos trabajo 🙂 Para empezar a 100 metros de la salida una cuesta de casi un km para recordarme que el circuito no es llano y que tocará sufrir. Desde que hemos llegado a Getxo todo el mundo nos va diciendo lo duro que es el segmento de bici así que salgo muy asustado. Van pasando los quilómetros y se confirma que es un circuito exigente aunque menos duro de lo que esperaba. Es un circuito que no permite descanso, no hay grandes puertos pero si muchas subidas con poca bajada y ni un metro de recuperación, el calor empieza a apretar y hay que echar mano de liquido (al final del segmento de bici contabilizo más de 3 litros bebidos entre agua y sales minerales). El segmento de bici siempre me ha gustado mucho porque te permite conocer sitios, paisajes. En esta ocasión no es una excepción y pasamos por pequeñas carreteras que van siguiendo la costa y que luego se adentran en un terreno más montañoso y con bosques. Una carretera con muchas curvas y con un asfalto un tanto irregular (conté más de 15 ciclistas con pinchazos).

Después de 3 horas 31 minutos finalmente llego de nuevo a Getxo, llego con las piernas bastante cargadas constatando que he venido corto de entreno de bici (han sido 14 semanas de entreno pero con pocas sesiones de bici larga… no se puede hacer todo en la vida), va a tocar entrenar más, pero contento porque el reto se va completando y ahora toca mi segmento preferido, toca correr. Me bajo de la bici, zapatos fuera, zapatillas calzadas, visera y a correr. El calor aprieta y mucho pero también sopla una pequeña brisa que espero me permita llegar al final sin deshidratarme demasiado. Se trata de un circuito de 2 vueltas la primera parte del cual transcurre por una parte del paseo marítimo con poca gente, luego pasas por delante de meta donde ya empieza a haber mucha gente y llega ese momento en el que oyes como la gente te aplaude, leen tu nombre en el dorsal y lo gritan, los niños se preparan para que choques manos con ellos y mi hermano sigue allí, gritando y animando.

run marc

Empiezo a correr a buen rito, a 4’30’’ el km, aunque poco a poco el ritmo baja, el calor aprieta y el cansancio en las piernas también. A pesar de eso voy adelantando corredores y me voy acercando al final. Completo la primera vuelta y ya sólo pienso en que la meta está allí, cerca. En todas las carreras cuando me voy acercando al final empiezo a pensar en todo lo trabajado para llegar hasta aquí, en todos los entrenos en horas intempestivas, en las combinaciones para poder cuadrar los horarios, me acuerdo sobretodo de la familia, de Glòria y de los niños,  de los amigos que me han animado. Y casi sin enterarme paso por el cartel de quilómetro 20, y acelero el ritmo, veo la meta, sólo me queda una recta, aprieto las manos, veo a mi hermano y le grito que deje la cámara, que salte la valla que la meta la cruzamos juntos. Y corremos los últimos 100 metros uno al lado del otro, y el crono se para, he llegado, he acabado mi primer medio iron man.

He tardado 6 horas 12 minutos en completar los 113 quilómetros de un medio iron man, no se si es un buen tiempo, un tiempo mediocre o un mal tiempo, pero para mi es una victoria, una superación, un reto cumplido, un sueño hecho realidad. Es complicado explicar la sensación que uno siente cuando pasa el cartel de meta, el sufrimiento invertido. Si, lo hago porque quiero, sacrifico mi tiempo libre y un poco el de mi familia para hacerlo, pero cruzar la meta me hace sentir mejor, creo que me hace mejor persona, creo que me ayuda a seguir adelante.

Antes de marcharnos una foto con algunos de los compañeros de carrera, Valenti Sanjuan (que después de un IronMan esto le habrá parecido poco), Pere, Kike, Gonzalo (triatletas en red), Vane y Robert Mayoral.

foto-2

 

Y ahora toca soñar con los siguientes retos. En mi caso la fecha está puesta, 15 de septiembre de este año, de nuevo un half iron man, esta vez en Berga, el Sailfish Berga. Y después… un maratón de montaña, el 27 de octubre en Sant Llorenç.