Archive | junio 2014

Finisher 1/2 IronMan Calella: os cuento un secreto

Hay un momento mágico para mi en un triatlón de larga distancia, el momento en el que los pies tocan el agua, el momento en el que sabes que no hay marcha atrás, que está a punto de empezar la aventura, que en breve se inicia un nuevo reto. Hoy estoy al lado de la persona que me inspiró, de la persona que me dio a conocer el triatlón, la pasión por la superación, por el esfuerzo, la convicción que con entreno, con sufrimiento y con pasión se puede conseguir todo, la persona que cuando yo pesaba más de 90 kg me animaba a correr, hoy estamos junto, Branko y yo en la línea de salida.

Suena la sirena, empieza el medio ironman de Calella, y entramos en el agua, y yo siempre con la misma estrategia dejando que pasen delante, no nado bien y lo se y no quiero sufrir golpes, dejo que el grupo se tire al agua y elijo salir al final. Empieza mi pequeño viacrucis, 1.900metros que se harán eternos pero que son mi peaje para completar un triatlón. Como siempre me cuesta coger el ritmo, el agua no está muy fría y brazada tras brazada van pasando los metros, cada vez menos gente a mi alrededor. 44 minutos más tarde (para vuestra referencia esto implica que salí del agua en la posición 1.300 de 1.500 participantes) dos voluntarios me ayudan a salir, ya estoy fuera, respiro.

20x30-IBAB4981Entro en la zona de transición quitándome el neopreno, me pongo los calcetines y el casco, salto encima de la bici y a rodar. Me quedan 90 km de bici. Salimos de Calella en dirección al Montseny, es mi terreno, tres puertos con bastante desnivel. Poco a poco voy entrando en calor, como un poco y a rodar. Voy pasando corredores, me anima pensar que después de una mala natación voy mejorando, voy adelantando posiciones. Tengo claro que como deportista amateur sólo compito contra una persona, yo mismo. Es imposible que te compares contra nadie, cada uno entrena lo que quiere (o lo que puede), cada uno tiene su historia y su físico, pero anima ver que el entreno parece que ha servido, que levantarse temprano, casi de noche para salir a rodar con la bici da sus frutos. Pienso en todos los km que con Branko nos hemos tragado en las últimas semanas, las veces que hemos subido la Mata o que hemos desafiado las rampas de la V. Ahora esto tiene sentido, mis piernas van fuertes y subo Collsacreu y el Montseny con mucha más facilidad de la que creía. Pasan los km y diviso ya Calella, en 5km estaré ya corriendo. De repente al final de la recta veo a Branko, me pongo a su lado y llegamos a los boxes, toca correr.

Zapatillas, visera, un gel y a por la 1/2 maratón. Mi mente recuerda en ese momento el ultimo half, recuerda lo mucho que sufrí en Berga en los 20 km finales corriendo lento, pensando en más de una vez en abandonar. Hoy toca quitarse la espina, toca marcar un ritmo fuerte y aguantar. Han sido casi 12 semanas de entreno, horas robadas al sueño, a la familia, a mi mismo. Aprieto los puños y empiezo a correr, a los poco metros adelanto a Branko, mi mentor en el triatlón, el está fuerte y sufro porque imagino que algo raro le habrá pasado, pero me anima a seguir a no parar. Cada uno hace su propia carrera, sufre a su manera.

20x30-IBAK1149Mis piernas están fuertes, voy adelantando corredores (luego sabré que entre la bici y la 1/2 maratón he pasado a más de 600 corredores). Y me acuerdo de las palabras de alguien que este año me ha demostrado que cualquier reto es posible: Marc Goméz (se propuso empezar casi de cero y acabar una maratón y lo cumplió en Barcelona), me acuerdo de su mensaje «espero tu tuit el domingo al mediodía de finisher». Recuerdo el porqué hago esto, el porque decido levantarme a las 5 para pasar casi 6 horas nadando, en bici y corriendo. Es curioso como en estas carreras tantos recuerdos van pasando por mi mente. Son muchas horas en solitario, hablando y compartiendo con uno mismo, a veces creo que es más difícil la mente que el físico. Y poco a poco se acerca la meta, los 2 km finales son casi rectos por el paseo marítimo de Calella y al final la alfombra azul que marca la línea de llegada.

Y os contaré un secreto, todas las veces que cruzo una línea de llegada me arrodillo… no es para rezar, no es para descansar, me arrodillo para dar las Gracias. Las gracias por tener la suerte de poder nadar, montar en bici y correr; las gracias por tener una familia que me soporta cuando se me mete en la cabeza esto del deporte; las gracias por tener amigos que aguantan mis batallitas de las carreras, las gracias a todos aquellos que en algún momento se han cruzado en mi vida que me han hecho un poco mejor persona, las gracias por estar allí y seguir teniendo la fuerza para dar el siguiente paso. Y me pongo en pie y siempre levanto los brazos, lo he conseguido, he cruzado nuevamente la meta y esa sensación, ese momento hace que todo merezca la pena.