!He sido capaz! – Finisher de la Marathon des Sables

¿Alguna vez has dejado de hacer algo porque creías que no podrías? ¿Alguna vez has dejado de hacer algo porque había gente que te decía que no podrías, que no servías? Si la respuesta es que SI, quizás esta historia te sirva…

Hace 5 años decidí que algún día, antes de cumplir los 50, quería correr la Marathon des Sables. Aún con la decisión tomada, las dudas fueron constante, gente cercana me decía que, si estaba loco, que no había ninguna necesidad de hacer algo así. Y estuve a punto de tirar la toalla pensado que quizás no podría completar la que está considerada como una de las pruebas deportivas más duras del mundo. 

¿Qué es la Marathon des Sables?

250km en 5 etapas cruzando el desierto del Sáhara, durmiendo en el suelo en una jaima y en autosuficiencia total, es decir todo lo que necesites para esos 250 km (comida, saco de dormir o ropa) tienes que llevarlo contigo desde el primer día, excepto el agua que la proporciona la organización. Cuantas más comodidades quieras (por ejemplo, una camiseta para correr cada día), más peso vas a llevar y más lento y pesado. Tu eliges 😉

Pero en abril de 2019 tomé la decisión, seguí mi instinto, mis ganas de superar un desafío, que no veía como deportivo sino sobre todo como personal. Y a partir de aquí empieza la aventura hasta el día que te plantas en la línea de salida. Para resumir:

  • Más de 1.500 km entrenados entre julio 2019 y marzo 2020 que no sirvieron porque el COVID obligó a cancelar la edición de marzo de 2020 (1º cancelación)
  • Más de 3 meses entrenando en un parking subterráneo, durante el confinamiento, porque la edición de 2020 se pospuso a octubre 2020.
  • Un mazazo moral cuando en julio 2020 se vuelve a cancelar (2º cancelación),  lo que implicó un desencanto tan grande que estuve más de 5 meses sin calzarme unas zapatillas para salir a correr
  • Tirar la toalla y decidir que posponía el desafío para marzo de 2022

Pero finalmente el pasado 27 de marzo a las 9 de la mañana y a ritmo de AC/DC (con la canción Highway to Hell), arrancaba la 36 edición de la Marathon des Sables y Yo estaba en la línea de salida.

ETAPA 1: 30,3km – tiempo 4h14min

Salí con la ilusión de un niño pequeño, la motivación por las nubes y una mochila de 11,2kg (9,7kg la mochila y 1,5litros de agua) para recorrer la primera de las 5 etapas. 30,3km por el desierto con algunas dunas, mucha arena y muchas piedras. 4h más tarde cruzaba la meta con la satisfacción de haber completado la primera etapa de mi aventura.

Sables no es una carrera normal, cuando cruzas la meta empieza una segunda etapa… cargar con las 4 botellas de agua que te dan en la meta y que deben durarte hasta el primer avituallamiento del día siguiente (toca racionar el agua); llegar a la jaima en la que duermes (junto a 7 compañeros más) y quitar las piedras que hay en el suelo para tratar de dormir lo más cómodo posible; lavarte tratando de no malgastar el agua, encender fuego y preparar la cena a base de comida deshidratada (que prometo que sabe a menú estrella michelin) y cuando el sol se pone (sobre las 19h) acostarse y tratar de descansar lo máximo posible y cruzar los dedos para que la temperatura nocturna no baje demasiado… ni os imagináis el frío que pasamos alguna noche aun estando preparados para ello.

ETAPA 2: 38,5km – tiempo invertido 6h15min

El día 28 de marzo a las 8:30 se daba la salida a la segunda etapa. 38,5km de recorrido en el que debíamos superar algunas “dificultades”:

  • 4 tramos de dunas (de entre 1 y 3km cada uno)
  • Subida al jebel EL OFTAL, una “pequeña” montaña con una ascensión a través de un cañón de piedras de 2km
  • Bajada del jebel caracterizado por una bajada de unos 700metros de pura duna con una pendiente del 20%

Pero por si fuera poco a los pocos kilómetros de arrancar la etapa se levantó una tormenta de arena que me acompañó durante las 6h que tardé en llegar a la meta. ¿Qué es una tormenta de arena en el desierto? Básicamente viento sin parar, con fuertes rachas que te dificultan mucho avanzar (en el desierto no sé porque, pero el viento siempre sopla de cara) y con arena que te golpea la cara, las piernas, los brazos. Para que os hagáis una idea ese día abandonaron 70 de los 950 corredores que tomaron la salida, fruto de las dificultades originadas por el viento, la deshidratación dado que al llevar toda la cara cubierta para evitar la arena te olvidas de beber.

Y claro llegas al campamento y el viento sigue y no hay donde esconderse así que acabas tumbado en tu jaima asumiendo que el viento y la arena van a formar parte de tu día y viendo como poco a poco todo se cubre de arena… ropa, agua, comida, saco de dormir. La tormenta no paró hasta entrada la noche.

El efecto de este segundo día, en mi caso, fue una bajada de tensión al llegar al campamento y 2h tumbado para poder recuperarme y poder comer. Esto es Sables, me repetía a mi mismo, mientras mi mente empezaba un peligroso juego al repetirse constantemente… ¡ves, esto no es para ti! Si hoy estás, así como vas a poder afrontar los casi 180km que te faltan.

Ese día comprendí lo que son los compañeros de jaima, la familia que se genera con las personas con las que compartes ese espacio vital tan pequeño, pero sobre todo las personas con las que compartes tus alegrías, tus risas, tus frustraciones, tus abrazos de ánimo, la comida que te falta, la que te sobra… todo lo necesario para seguir adelante. Recibimos casi con la puesta de sol a Isa y a Judit, agotadas tras más de 10h en el desierto, entre abrazos y lágrimas. Sin Isa, Judti, Alex, Frank, Chus, Vicente y JL Sables hubiera sido mucho más duro… como dicen en el desierto, ahora somos hermanos de Sables.

ETAPA 3: 32,1km – tiempo invertido 6h 03min

Llegó el día 3 y allí estaba yo en la salida, todavía con los efectos colaterales de mi bajada de tensión que no fueron otros que la dificultad de ingerir nada que tuviera un sabor dulce, sólo 1 gel de los 3 previstos, medió bidón de agua con isotónico de los 2 previstos y media barrita energética de las 2 previstas. Pero a las 6h volvía a cruzar la meta con aquella sensación de… no se si voy a llegar al final, pero pienso poner un pie detrás de otro hasta que no pueda más.

ETAPA 4: 85,8km – tiempo invertido 20h 03min

El GRAN DIA. Se trata de la etapa larga… “sólo” 86km. Etapa temible, quizás no tanto por la parte física (aunque ya llevas más de 100km en las piernas) sino porque mentalmente sabes que este es el día, que si consigues acabar esta etapa ya casi ves la medalla colgada en tu cuello. 

Salí con la intención de no forzar nada porque mi estomago definitivamente había decidido no ingerir nada con sabor dulce. Troté los 20primeros kilómetros alimentándome a base de agua y pastillas de sal hasta que decidí unirme a dos corredores, Santi y Álvaro para hacer el resto de la etapa andando. Mi mente se veía incapaz de hacer sólo la etapa. Decidí apostar a “solo puedes tratar de llegar primero, en equipo puedes tratar de llegar”. No negaré que fue difícil, nunca en mi vida había andado 68kilometros sin correr ni 100metros, mi mente en algunos momentos me decía… ¿Por qué vas con ellos, podrías ir tu solo y correr un poco y llegarías antes? Pero la decisión fue firme y pasamos juntos, los 3, las siguientes 16h.

Una experiencia brutal el cómo los tres nos fuimos animando cuando nuestra moral estaba baja, como compartimos risas, historias, pensamientos, dudas, incertidumbres y confesiones… sin apenas conocernos previamente. Después de 12h de etapa paramos en el km 55 para comer. Yo sólo había ingerido agua y pastillas de sal así que eché mano del paquete de jamón, queso y galletas saldas ( mi tesoro para esa etapa que Alex, mi compañero de jaima me había regalado esa mañana cuando vio que no podía comer nada dulce). Y me dio la energía para acabar la etapa. Llegamos al campamento a las 4 de la madrugada, después de 20h, después de más de 15km seguidos de duna en plena noche. 

Pero la emoción, el subidón, la alegría y los abrazos en la meta se tornaron en lágrimas, tristeza, al llegar a la jaima. Ahí estaba Alex, compañero de jaima y ahora ya amigo para siempre, que había tenido que abandonar por el motivo principal por el que la gente abandona Sables, los pies destrozados fruto de las ampollas y rozaduras.

Ver como alguien con tu mismo sueño tiene que abandonar hace que te hundas, que empatices con su tristeza. Si algo tiene Sables es que las emociones están a flor de piel, que en medio del desierto te sientas tan vulnerable que cualquier cosa se multiplica por 1000.

El quinto día es de descanso, no hay etapa dado que hasta las 18h de la tarde van llegando participantes porque la organización te da 36h para completar los 88 kilómetros. Día en el que puedes dormir, curar heridas, recuperar el cuerpo. En mi caso el estómago volvió a la vida, pude hidratarme, puede desayunar, comer y cenar caliente (comer significa usar una botella de plástico de agua de 1,5litros que cortas por la mitad y en la parte inferior colocas la comida deshidratada, lo mezclas con agua que has calentado en un pequeño hornillo y directamente le hincas la cuchara… ¿a qué ahora tener una mesa, silla, platos y cubiertos os parece un lujo?).

Después de 5 días bebiendo agua (caliente porque las botellas que te dan están al sol) a las 6 de la tarde, con la etapa acabada, la organización te da una CocaCola… no podéis imaginar lo que supone beber algo frío y además ver como de las mochilas de tus compañeros de jaima empieza a salir de todo… jamón, chorizo, queso, unas almendras… con muy poco nos dimos un festín, lo que te recuerda que vivimos con tantas cosas que no necesitamos y que con muy poco la vida puede ser maravillosa.

ETAPA 5: 42,2km – tiempo invertido 5h10min

Y llega el sexto día, la quinta etapa, la hora de la verdad. Por delante un maratón, 42km que te separan de cumplir con el sueño de ser finihser, ¡¡con la alegría de colgarte la medalla y decirte a ti mimo… he podido!! 

Decidí que se había acabado lo de andar, que era el día para darlo todo, para tratar de salir y disfrutar. Y a ritmo, como cada mañana, de AC/DC, salida de la etapa maratón. La mochila ya había reducido su peso… de los 11km del primer día calculo que ese día debían quedar unos 5 o 6 kilos (cada día baja de peso porque comes y porque lo que no has usado para ese día se deja en el campamento… no hace falta llevar peso extra). Una etapa ideal para correr, los 28 primeros kilómetros muy llanos, con muchas piedras pequeñas pero perfecto para tratar de darlo todo. Y así lo hice. Luego vinieron 3km de dunas en las que tocó andar, sufrir y volver a la superficie dura con algunas pequeñas subidas pero que permitían correr hasta el km 38,2 cuando coronas un pequeño montículo y a lo lejos ves el arco de llegada. 

Y aquí viene un gran aprendizaje del desierto… da igual lo que tus ojos vean, si el reloj dice que faltan 4km para la llegada es que faltan 4. Una recta interminable hasta la meta en la que tu cabeza dice que ya estas, que ya has llegado pero tu reloj te recuerda que todavía faltan 4 interminables kilómetros en los que no andas porque lo único que quieres es llegar pero tu cuerpo se pararía, se tumbaría en el suelo y diría: hasta aquí.

Finalmente, en 5h crucé la meta. Y ese momento despierta todas tus emociones. Mi cara estaba llena de lágrimas, no podía parar. Abrazas a Patrick Bauer, el director y organizador de la carrera que está en la meta para colgarte la medalla. 

Recuerdas todo lo que has trabajado para estar allí, todas las horas y días de entreno, los madrugones, los sacrificios de tu familia para que tu pudieras entrenar, la motivación que has tenido que buscar en lo más profundo para seguir entrenando. Los 250 kilómetros que has corrido, lo que has sufrido, los ánimos que cada día has recibido a través de los mensajes que la gente puede enviarte y que te imprime la organización para leerlos entre lágrimas en la jaima. Piensas en los que, como Alex, no han podido cruzar la meta pero que son tan finishers como tu sólo por haber decidido que iban a Sables a intentarlo, los abrazos con tus compañeros de jaima en los buenos y en los malos momentos.

Eres finisher, soy finisher.

Sables te lleva al límite, te deja en medio del desierto durante 250km, durante 6 días, sin poderte duchar, sin ninguna comodidad, pero te demuestra lo fuerte que eres, la capacidad de adaptarte, de ser flexible, de improvisar, de dar un paso más cuando crees que es imposible. Sables te enseña quién eres y de que estás hecho.

Sables te da una lección de vida, de esas que por mucho que te cuenten no puedes ni imaginar. Sí, has completado una carrera, pero sobre todo has completado un viaje personal que en mi caso arranco hace años y que me permite decirme a mi mismo… he sido capaz.

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