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Caso Armstrong: el deporte es esfuerzo no engaño

130117085107-lance-armstrong-single-image-cutDecepción, desilusión, traición, estos son 3 de los sentimientos que he tenido al conocer las declaraciones de Lance Armstrong estos pasados días en los que reconocía de forma abierta y sin tapujos el consumo de sustancias dopantes y prohibidas para mejorar su rendimiento deportivo y poder, de esta forma, ganar de forma consecutiva 7 tours de Francia. Muchas a mi alrededor me han llamado iluso (“todavía te sorprendes”, “está claro que todos lo de la elite se dopan”, “es imposible llegar a esos niveles limpio”), igual que muchos otros se metían conmigo (y ahora entonan aquello de “ya te lo dije”) cuando en los últimos años he defendido a este deportista cuando era acusado (sin que se tuvieran análisis que confirmaran el presunto –ahora ya confeso- uso de sustancias dopantes).

Le creí durante muchos años y ahora me he llevado una enorme decepción, porque mi visión del deporte es otra, mi visión del deporte no es el dinero, no es ganar, no es ser mejor que el que tengo al lado y a cualquier precio, mi visión del deporte es mucho más romántica. Mi visión del deporte está relacionada con el espíritu de superación con un mismo, con la voluntad de mejorar día a día, con las ganas de disponer de un espacio personal para encontrarse con uno mismo, pero a través de la sinceridad y del esfuerzo, del trabajo y la perseverancia. ¿Que sentido tiene engañar a los otros cuando en el fondo te estás engañando a ti mismo? ¿Qué valor tiene ganar y celebrarlo, cuando sabes que esa victoria, en parte, no es tuya, sino artificialmente construida?

No me sirve que me digan que el deporte se ha convertido en un espectáculo y que el público quiere más, no me sirve aquello de que como todos se dopan sino lo haces nunca llegarás arriba. El deporte y lo que significa no merece ni quiere este tipo de personas y actitudes, la gente que sale cada día a correr, montar en bici, nadar o cualquier otro tipo de deporte y que lo hace porque quiere, porque le sienta bien, porque le ayuda a seguir adelante, porque le hace ser mejor persona o por el motivo que cada uno tenga, no merece ni quiere estas personas ni lo que representan. El deporte es esfuerzo, es trabajo, es perseverancia, no es engaño, no es ganar a cualquier precio, no es ser el mejor de forma artificial.

Seguiré pensando que el deporte limpio, tanto el amateur como el profesional, está por encima de este tipo de personas. Es verdad que el comportamiento de personas como Armstrong no ayudan, provocan una reacción de “todos son iguales” que creo no responde a la realidad, al menos la realidad que yo conozco. El deporte merece respeto y los que lo practicamos también.

Durante mucho tiempo Lance Armostrong fue un ejemplo, un ídolo para mi, por lo que había hecho e el deporte pero también por lo que significaba de superación, de lucha y de valor al vencer un cáncer (y se de lo que hablo). Pero desde el pasado jueves, cuando escuché (aquí tenéis enlace con la entrevista subtitulada, realizada por Oprah Winfrey) sus confesiones pasó a pertenecer a la categoría de miserable. Le reconozco que haya admitido lo que hizo, asumo que lo hace de corazón, no soy nadie para perdonarle nada, pero su actitud, sus ganas de engañar y la mancha en lo que el deporte significa para mi son los que me entristecen.

Pero como siempre mañana volveré a ponerme las zapatillas, volveré a mirar con ilusión mi plan de entreno, volveré a soñar con pasar bajo la meta, seguiré viviendo, con esfuerzo, con ganas, con motivación y con sinceridad lo que para mi es el deporte.